Mi típico paseo dominguero, no es otro que el de mucho de vosotros: los churros de “la guapa” acompañado de café o chocolate, bien sea en “La Marina” o en otros locales de las cercanías, u otra opción, por supuesto, en casa. Pero, lo que no suelo perdonar, es el paseito por el baratillo y así echamos “pa´bajo” los churritos.

La verdad es que me fascina. El bullicio, las pilas de ropa, los juguetes viejos en sus cajas, el puesto de antigüedades de Fernando, Juanito “el chamarilero”, el hombre mayor que vende monedas en una mesa de playa “maqueada”, y el puesto de libros que siempre te dice lo mismo: “¡¡Los de abajo a euro!!”. Me parece una maravilla, un ritual.

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Escena típica del “Baratillo de los Domingos” en Cádiz. Antonio de la Cruz.

Entre unos muñecos de Goku y una pila de guantes (es lo que toca en estas fechas), encontré un pequeño librillo rosa que, pertenece a la serie “Costumbres” de la extinta ya Caja de Ahorros de Cádiz, en concreto, el número 2 de dicha serie. Toma por título “La sal arbolada (andar por Cádiz)”, de Francisco Montero Galvache, publicado en 1986.

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Portada de “LA SAL ARBOLADA (Andar por Cádiz)”

Tras el prólogo de Antón Solé, quedan las 213 páginas que conforman el libro divididas en tres grandes bloques y sus capítulos:

  • Dentro de su antiguo oro (12 capítulos)
  • El alegre laberinto (33 capítulos)
  • Pañuelillos en su aire (5 capítulos)

A los que nos apasiona las diferentes denominaciones de nuestro callejero, estamos acostumbrados a una visión histórica, es decir, los datos aportados por Serafín Pro, Adolfo de Castro, Smith Somarriba, de la Escalera o Gabriel Rodríguez, entre otros, enumeran teniendo como base un punto de vista únicamente historicista y, es aquí dónde radica la diferencia de Montero Galvache.

Al igual que Martínez del Cerro o Malo de Molina, la sal arbolada, aunque con base histórica, muestra una visión poética y engalanada de los diversos paseos que podemos recorrer en la ciudad de Cádiz. Pero, mejor os lo puede explicar el autor del prólogo, Pablo Antón Solé, ahí es nada:

“No es un simple callejero o guía de la ciudad, sino una glosa, una alabanza, un arrimar el corazón a determinados temas (…). Es un glosario, un modo de pasear y mirar a los aspectos históricos y urbanísticos, siempre con el dato riguroso por delante, pero visto también con los quevedos del humor o la sabia gracia gaditana, amasada con experiencia de su historia trimilenaria.”

Es curioso cómo es capaz de denominar y llevar las plazas y calles más pomposas al aspecto más cercano posible. A la Plaza de Mina, la denomina Plaza de Estar y se justifica de esta guisa:

“Si en las casas, a las salas de conversar se le llama de estar, a las plazas que tienen sabor de tertulias, también hay que llamarlas placitas de estar.”

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Postal de la Plaza de Mina, Cádiz. Firmada en 1907. Pinterest.

Pocas plazas o calles principales pasan desapercibidas en sus letras. Así pues, os dejo con un extracto del capítulo 26 sobre la Calle Ancha y sus diversas denominaciones a lo largo del tiempo:

GADITANÍSIMA ANCHA

“De muchos modos la llamaron en tiempos pasados. Pero ella, erre que erre, sigue llamándose Ancha y nada más, como en los alirones deportivos. Primero la nombraron calle Nueva y sería porque en verdad lo fue cuando la estrenaron como vía principalísma. Enseguida le agregaron la cistácea de la flor blanca, y pasó a ser Ancha y de la Jara.

(…) De la Bomba – cómo no- fue también uno de sus apelativos, y de la Bomba Vieja, sólo porque sonara más, aunque de artefacto antiguo poco estallido puede esperarse…

En lo que sí están de acuerdo todos los comentaristas sin excepción, es en que ha sido siempre calle corazón de la ciudad. Lo que no se hablara en la calle Ancha es como si no hubiera existido, a pesar de que muchas veces, cuando las novedades alcanzaban medidas hiperbólicas, la gente antigua solía decir por Cádiz un déjeme de enredos, que esas son cosas de la calle Ancha. A pesar de ello, los periódicos antiguos como “El Redactor General” o “La Abeja Española”, llegaron a tener incluso una parcela dedicada a noticias especiales o iniciativas, llamadas así, por su nombre, Calle Ancha, y ya se sabía que era sitio en que aparecía el gaditanismo más ingenioso.”

Con respecto a la sección de los noticieros “Calle Ancha”, citar el blog del Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Cádiz, Alberto Ramos Santana quién, primero en forma de columna en el Diario de Cádiz y posteriormente, en su blog, tomará el mismo nombre debido a la sección de El Redactor General que copiara El ConcisoOs dejo enlace al blog Calle Ancha.

“Un lápida tiene dedicada al Duque de Tetuán, pero eso no es fácil de encontrar un gaditano que se le haya dicho nunca- Escrito sea esto sin menoscabo alguno de las glorias militares de Don Leopoldo O´Donnell, titular del Ducado de la calle.”

Como curiosidad, Montero no habla sobre la inscripción de la lápida de mármol que, según Serafín Pro, estaba situada en la entrada a la calle, en el lado izquierdo y que, decía así:

“Para perpetuo recuerdo de las glorias del

Ejercito Español en África en los años 1859 y

1860, el Ayuntamiento acordó denominar a esta

calle Duque de Tetuán”

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Cruce de Amargura con Duque de Tetuán (Segunda mitad del XIX). Flickr.
Actual cruce de Sagasta con Ancha (Diciembre 2017). Antonio de la Cruz.

Y, para finalizar, vuelve con la actual nomenclatura, reseñando que siempre será conocida, pese a los cambios que hubo, hay y habrá, como Calle Ancha.

Cafés de postín, tertulias, encuentros, noviazgos con abanicos para el disimulo, le dieron la fama que no ha perdido nunca. (…) Así que ni de lo nuevo, ni lo de la Jara, ni la Bomba, ni incluso eso del ducado de Tetuán. A la calle se le ha importado siempre, no uno sino muchos pitos, que la quisieran llamar esto o aquello. Nació para ser Ancha, y por gaditanísima, con el donaire de la anchura, sigue gozando su felicísima vida urbanística. Por muchos años sea así y que la podamos vivir y gozar cuanto más tiempo mejor.”

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Entrada a Calle Ancha desde Plaza de San Antonio. La imagen es una fototipia de Hauser y Menet usada como postal. Escrita y firmada en 1923, Cádiz. Flickr.

Aunque cita la reforma del nomenclátor que llevó a cabo Adolfo de Castro en 1855 y, a pesar de no ser tan exacto enumerando todos los cambios que ha sufrido su “gaditanísima Ancha“, me parece un libro de los que merece la pena tener cerquita si te gusta eso de pasear con un librito en la maleta para indagar en el callejero gaditano.

La Sal Arbolada, de Montero Galvache, podréis encontrarla en la Red de Bibliotecas Municipales de Cádiz y, en las principales librerías de la ciudad.

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Fuentes:

  • La sal arbolada (andar por Cádiz). Francisco Montero Galvache.
  • Andar por Cádiz. Miguel Martínez del Cerro.
  • Blog Calle Ancha. Alberto Ramos Santana
  • Un paseo, Cádiz. A Journey. Julio Malo de Molina.
  • Callejero Gaditano. Serafín Pro y Ruiz

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